Ignacio García-Valiño

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ABC (27/10/2006)

No son bad boys (chicos malos), sino auténticos genios del mal los que acechan al lector en «Querido Caín» (Plaza & Janés), de Ignacio García-Valiño, obra finalista del premio Ciudad de Torrevieja. Novela en estado de perpetuo suspense, Valiño -que trabaja como psicólogo infantil- confiesa que en el relato ha volcado jirones de su vida: «He conocido casos inquietantes de niños que te rompen el juego, que disfrutan haciéndolo y que te imponen algo perverso». El escritor vivió en carne propia situaciones de violencia escolar que le han marcado a fuego lento: «El personaje de Nico [niño diabólico protagonista] tiene mucho del tipo que me maltrató durante años y me obligó a cambiar de colegio». ¿El asesino nace o se hace?: «¿Cultura o natura? -responde-. Nico aparentemente no tiene ninguna mala influencia: su familia es modélica, lee, no siente pasión por los videojuegos ni está sobreprotegido». ¿Quién ha plantado, entonces, la semilla del mal? «La violencia y la perversidad infantil -responde el autor- es algo muy complejo. Me he encontrado con chavales que son verdugos y que en casa padecen violencia y maltrato».

¿Un niño maltratado es un potencial agresor? «Puede serlo, aunque también podría estancarse, inhibirse o cebarse con los más débiles». ¿Por qué a los niños de las «ikastolas» se le educa en el odio al otro, en el odio a España? «Eso es la perversión del adulto en grado sumo -responde-. Algo totalmente primitivo, tercermundista, de fundamentalismo islámico, de escuelas del Corán...

En «Querido Caín» Nico se parece bastante al verdugo infantil que sufrió García-Valiño, al «cabronazo que me amargó varios años de mi vida. Confieso que desde los 9 a los 11 años sufrí violencia en el colegio. Llegaba a casa con moratones. Mis padres fueron a hablar y los del colegio le espetaban: «Vuestro hijo es un poco tocacojones, le gusta revolver salsas»... Era una escuela de pago y ocultaban cualquier tipo de conflicto y de mal rollo. Y nunca llegaron a expulsar a nadie de los que estaban involucrados en esa pandilla. Yo lo vi como una afrenta permanente y me sentía indefenso». García-Valiño está convencido de que existen muchos niños como Nico, que «aparentemente desarrollan ese instante de perversidad de manera espontánea. Existen muchos niños genios del mal, vocacionales. Y esas son las generaciones que regirán España en treinta años».

¿Es nuestra sociedad la que está creando pequeños monstruos? García-Valiño cree que las raíces son más profundas: «No siempre hay un condicionante socio-cultural. Pero la influencia de la sociedad materialista y permisiva en que vivimos es atroz. Hoy se ha perdido por completo el respeto a la figura del padre y de la madre. El niño es diana de la publicidad. Hemos pasado del autoritarismo al «dejar hacer», cuando el modelo bueno es el democrático: hablar, negociar. Y todo ello repercute en que el maltrato de hijos a padres se recrudezca».

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© Ignacio García-Valiño - Fotografías de Sabine Geuer