Ignacio García-Valiño

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El Correo (27/03/2010)

En un mundo cada vez más tecnificado, que depende de forma creciente de la ciencia y sus avances, la gente sigue creyendo en lo mágico y aferrándose a creencias sin ninguna base. Ese es el fondo sobre el que Ignacio García-Valiño (Zaragoza, 1968), que tiene una ya larga carrera como psicólogo, ha construido su última novela, 'El corazón de la materia' (Ed. Plaza & Janés), que es también una historia de amor e incomprensión y un viaje al fondo del misterio que somos cada uno de nosotros.

-La novia del protagonista muere en un accidente y la primera sorpresa es que tras años de convivencia él descubre que sabía muy poco de ella. ¿Somos un pozo sin fondo lleno de sorpresas?

Hay gente más transparente y otra que lo es menos. Pero no creo que haya nadie que no tenga algo sorprendente que aún no conocemos. Lo que sucede es que a veces nos ajustamos a lo que esperan de nosotros, aunque en el fondo ni nosotros mismos conocemos nuestra verdadera personalidad. Nadie es como un cristal y es cierto que hay personas a las que no llegamos a conocer de verdad nunca.

-¿Y qué es mejor: saberlo casi todo o ignorar muchas cosas de esas personas con las que vivimos?

Desde el punto de vista literario, los más atractivos son los personajes que se van desvelando, que van mostrando ambigüedades. A veces nos encontramos con un personaje que parece simple y se revela luego muy complejo. Lo que nos intriga como lectores es lo que se va descubriendo. Todos somos como camaleones y en situaciones límite actuamos de forma que ni nosotros esperaríamos.

Evolución social

-El protagonista y su novia representan la confrontación entre creencias y leyendas por un lado y ciencia y racionalidad por otro. ¿Ese es un debate vigente aún?

En la primera parte de la novela hay una mente escéptica que da un paso hacia lo irracional porque hay cosas que no le encajan. Pero luego vuelve hacia la racionalidad cuando se da cuenta del patinazo. Sin embargo, esa no es la evolución social. Vivimos una época en la que las tecnologías parecen dar importancia a lo racional, pero la mayoría de la gente cree en lo mágico. Necesitamos un asidero porque tenemos miedo. Por eso hay gente que cree en la ciencia y en los horóscopos. El escepticismo riguroso escasea. Todo el mundo tiene derecho a pensar lo que quiera y a equivocarse, pero el pensamiento mágico es propio de los niños.

-Pero no podemos vivir sin sentimientos, y en ese ámbito no encaja muy bien la razón.

Todos los sentimientos y emociones pasan por la razón. Hay que analizar las emociones porque te pueden arrastrar a perder el gobierno de tus impulsos. Tener inteligencia emocional es ser capaz de mostrar las emociones para reaccionar siendo conscientes de ello.

-¿Por qué a medida que la gente se aleja de las religiones tradicionales se acerca a mitos y supercherías, o a sectas?

Las nuevas religiones toman cosas de la ciencia, de las religiones orientales... y hacen sentirse creativas a las personas. A la gente le gusta creer que tiene poder para cambiar el mundo. Se ve en las librerías: ya no hay libros de psicología serios, sólo de autoayuda, de superación personal y cosas sin el menor fundamento científico. Entre la gente ilustrada hay, por contraste, interés por esas cosas. Como psicólogo, estoy cabreado con este fenómeno.

-La gente con fe religiosa o que cree en leyendas se angustia menos.

Es que no creer es durísimo. Hay quien vive el presente sin preguntarse el porqué. Yo llevo toda la vida preguntándome si hay Dios. Fui muy creyente hasta los veintitantos, y luego me quedé desorientado. En situaciones desesperadas, hasta los más escépticos empiezan a creer. La presencia de la muerte nos acojona a todos y es muy reconfortante pensar que alguien te mira. Hay que aprender a vivir de la forma más ética posible. A los 20 años yo no entendía eso sin Dios. Ahora sí, y me siento identificado con gente como Russell. La razón nos lleva a la justicia.

-¿Psicológicamente necesitamos creer en un ser superior que nos diga qué debemos hacer?

Hay un tendencia muy fuerte a creerlo, y viene desde nuestros ancestros. Tenemos un bagaje cultural, antropológico, que está ahí. El salto a la razón se produce en la adolescencia. Y somos capaces de darlo, hace falta experiencia y valor. Todos tenemos que construir nuestra propia racionalidad, con los valores y la ética basados en ella. Pero vivimos una cultura muy conformista.

Un itinerario

-El protagonista de su novela tiene un cierto remordimiento porque ha antepuesto su carrera a la relación afectiva. ¿Otro mal de nuestro tiempo? ¿Como las historias de amor no son eternas se prima el trabajo?

El personaje de la novela es alguien muy competente, muy volcado en su trabajo, cuya relación amorosa está en segundo plano. La vida le lleva a un momento crítico y le pone ante una realidad desconocida: se da cuenta de que ha vivido ciego ante algo que estaba ahí. Me llevó a escribir la novela ese momento de crisis de alguien que comienza a caminar sobre la cuerda floja. Lo importante es que su personalidad cambia.

-Y duda de todo aquello en lo que siempre ha creído.

Descubre su lado sentimental, la amistad, el amor, y se da cuenta de que ha sido frío y egoísta. Lo que he querido contar es ese cambio de una personalidad a través de un itinerario. Algo que sucede muchas veces, porque hasta la persona más racional puede tener un momento de debilidad ante lo mágico. Esa duda es lo que nos arrastra, un incentivo para saber más. Y es que dentro de la ciencia tienen cabida cosas aparentemente incongruentes.

-¿Es más fácil hacer literatura en este tiempo de descreídos o lo era en épocas anteriores, cuando teníamos toda una mitología a nuestra disposición?

Es un momento estupendo para hablar de estas cosas y hacer debate, porque hay más gente que nunca que está bien formada. Estos temas, estos debates, tienen ahora más eco que hace medio siglo: en eso, yo soy optimista. Sigue primando la novela de enigmas, pero siempre hay un lector más auténtico, que pide algo más.

-El que no se suma a las modas.

Desde luego, yo quiero alejarme de ellas, no hacer novela negra a la sueca, porque te equivocas, seguro. Quiero escribir las historias que me interesan y confiar en que al lector le interesen también. Es sorprendente la diversificación de los lectores, aunque la literatura se haya convertido en un mercado de consumo rápido.

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© Ignacio García-Valiño - Fotografías de Sabine Geuer